Los pueblos que rodean Bogotá son remanentes de antiguos cacicazgos, estando organizados por oficios, así los Tejedores de mantas, los orfebres, los ceramistas, vocaciones que tuvieron que desaparecer ante el embate de las nuevas teconologías. Los expertos en oficios dueños de una tradición milenaria continuaron su vocación artística en el frente de sus casas; ahora la ventana, la puerta o la reja son el telar y sus descendientes repiten los diseños por atavismo, porque así lo hicieron sus antepasados. La ornamentación tiene la filigrana que hacía el orfebre y el sello de los ancestros.
La energía y principios que ordenan la realidad plasmados en la arquitectura y ornamentación que podemos observar directamente y recibir de ellos información, nos recuerdan que todo debe fluir en sincronía con el universo.














